Autoestima y amor propio: cómo aprender a valorarte y elegirte

¿Te ha pasado alguna vez que sabes perfectamente que eres una mujer valiosa, independiente y capaz, pero cuando empiezas una relación de pareja parece que todo eso se descoloca?

Puedes tener un trabajo que te gusta, amigas, proyectos, hobbies y una vida que disfrutas. Puedes sentirte bien contigo misma cuando estás sola. Pero aparece una relación y empiezas a preocuparte más por gustar, agradar y no perder a la otra persona que por cómo te estás sintiendo tú.

Aquí entran en juego dos conceptos muy relacionados, pero diferentes: autoestima y amor propio.

¿Qué es la autoestima?

La autoestima es la valoración que hacemos de nosotras mismas. Tiene que ver con la percepción que tenemos de nuestro valor, nuestras capacidades, nuestras cualidades y también nuestras limitaciones.

Una autoestima saludable no significa pensar que eres maravillosa en todo momento ni creer que no tienes defectos. Significa poder reconocer tus virtudes y aceptar tus áreas de mejora sin convertir cada error en una prueba de que no eres suficiente.

Sin embargo, existe algo curioso: puedes tener una autoestima relativamente buena y, aun así, no estar cuidándote como mereces.

Puedes saber que vales mucho y seguir aceptando situaciones que te hacen daño.

Puedes reconocer tus capacidades y seguir necesitando constantemente la aprobación de tu pareja.

Puedes saber que eres independiente y, al mismo tiempo, sentir muchísimo miedo cuando alguien que quieres se distancia.

Y aquí aparece el amor propio.

¿Qué es el amor propio?

El amor propio tiene que ver con la relación que mantienes contigo misma y con la forma en la que te tratas.

Quererte no significa pensar que eres perfecta.

Tampoco significa ponerte siempre por delante de los demás. Y, desde luego, no significa convertirte en una persona egoísta.

El amor propio implica aprender a escucharte, respetarte, cuidarte y tener en cuenta tus necesidades a la hora de tomar decisiones.

Por eso me gusta hacer una distinción muy sencilla:

La autoestima tiene mucho que ver con saber cuánto vales. El amor propio también implica actuar en consecuencia.

Porque de poco sirve repetir “me quiero mucho” si después llevas años ignorando tus necesidades para que los demás estén bien.

¿Puedes tener autoestima y no tener suficiente amor propio?

Sí.

Imagina a una mujer que sabe perfectamente que es inteligente, trabajadora, divertida y buena amiga. No tiene problemas para reconocer sus cualidades.

Pero empieza una relación y poco a poco deja de hacer planes con sus amigas, cambia sus horarios, deja de expresar lo que necesita y comienza a aceptar comportamientos que antes habría considerado inaceptables.

Ella sabe que vale.

Pero no se está eligiendo.

Por eso, trabajar la autoestima y el amor propio no consiste únicamente en aprender a pensar cosas positivas sobre ti.

También implica aprender a comportarte de una manera coherente con ese valor.

Autoestima y amor propio dentro de una relación

Las relaciones de pareja pueden poner a prueba nuestra relación con nosotras mismas.

Cuando todo va bien, resulta relativamente fácil mantener nuestros espacios, nuestros límites y nuestra identidad.

La dificultad aparece cuando tenemos miedo de perder a alguien. Quizá entonces empiezas a pensar:

“Si digo lo que necesito, se va a enfadar.”

“Si pongo este límite, puede dejarme.”

“Si no estoy disponible, pensará que no me importa.”

“Si no cedo, la relación puede romperse.”

Y sin darte cuenta empiezas a abandonarte para evitar que otra persona te abandone.

Esto puede ocurrir incluso si antes de la relación eras una mujer muy independiente.

De hecho, una frase que escucho mucho es:

“Cuando estoy sola estoy fenomenal, pero cuando estoy en pareja me pierdo.”

No significa necesariamente que no tengas autoestima.

Puede significar que necesitas trabajar cómo mantener tu amor propio dentro de un vínculo.

Señales de que necesitas trabajar tu amor propio

Algunas señales pueden ser:

  1. Te cuesta decir que no.
  2. Te preocupa demasiado decepcionar a los demás.
  3. Necesitas aprobación constantemente.
  4. Te comparas con otras personas.
  5. Tu estado de ánimo depende demasiado de cómo te trate alguien.
  6. Priorizas siempre las necesidades de los demás.
  7. Toleras comportamientos que te hacen daño.
  8. Te cuesta reconocer tus logros.
  9. Sientes que tienes que hacer mucho para merecer amor.
  10. Dejas de lado partes de tu vida cuando empiezas una relación.

Si te reconoces en varias de ellas, no significa que haya nada “mal” en ti.

Son patrones que pueden aprenderse y, por tanto, también pueden trabajarse.

¿Cómo mejorar la autoestima y trabajar el amor propio?

El primer paso es empezar a observar cómo te estás tratando. Pregúntate:

¿Me hablo como le hablaría a alguien a quien quiero?

También puede ayudarte recuperar espacios propios: amistades, hobbies, proyectos, deporte, descanso o simplemente tiempo contigo.

Aprender a poner límites es otra parte fundamental del amor propio.

Decir “no” aunque alguien pueda molestarse.

Expresar lo que necesitas.

Dejar de justificar constantemente tus decisiones.

Aceptar que no puedes gustarle a todo el mundo.

Y aprender a tolerar que alguien pueda decepcionarse contigo sin que eso signifique que has hecho algo malo.

Trabajar la autoestima y el amor propio también implica revisar las creencias que has aprendido sobre el amor.

¿Crees que amar significa sacrificarse?

¿Que una buena pareja siempre debe estar disponible?

¿Que si alguien te quiere, tienes que hacer todo lo posible para conservarlo?

¿Que estar sola significa fracasar?

Cuestionar estas ideas puede transformar la manera en la que te relacionas.

Quererte también significa elegirte

Quizá el amor propio no se note tanto en las frases bonitas que te dices delante del espejo como en las decisiones difíciles que tomas cuando nadie te está mirando.

Se nota cuando descansas porque estás cansada.

Cuando comes escuchando las necesidades de tu cuerpo.

Cuando dices que no.

Cuando dejas de perseguir a alguien que no te está ofreciendo lo que necesitas.

Cuando reconoces que una relación no te está haciendo bien.

Cuando puedes querer a alguien muchísimo y, aun así, decidir que no quieres seguir viviendo de determinada manera.

Porque quererte no significa necesitar menos a los demás.

Significa no necesitar abandonarte a ti misma para conseguir que alguien se quede.

Y ahí es donde la autoestima y el amor propio dejan de ser conceptos bonitos y empiezan a convertirse en una forma diferente de vivir.